RECONCILIACIÓN CON Y POR LA TIERRA


Un elemento fundamental del conflicto armado en Colombia desde sus raíces han sido las relaciones entre los distintos actores nacionales por y con la tierra. Implícito en este conflicto, hay una distancia real o aparente, entre lo que significa y representa la tierra para unos y otros. Lo que es claro, es que en torno a los conflictos por la tenencia y manejo de la tierra se han engendrado formas de destrucción que han arrasado con comunidades y culturas y que han desplazado pueblos enteros, causando heridas colectivas que necesitamos sanar si queremos emprender un proceso real de paz.

El proceso de ecología profunda busca ayudar a sanar las relaciones que han sido maltratadas en el marco de estas dinámicas de conflicto violento por la tierra- tanto entre las personas involucradas en el mismo, como entre las personas y el territorio- buscando dar luz a nuevas formas de relaciones que permitan mayor cooperación, asociatividad, armonía y resiliencia.

El fundamento del proceso parte del reconocimiento complementario de la singularidad del vinculo que cada individuo o comunidad desarrolla con la Tierra y las formas culturales y estrategias de usos que de allí deviene; junto con el reconocimiento de la realidad común que compartimos todos los seres humanos ante la naturaleza, de ampararnos y sostenernos en ella como fuente primordial de vida. Una mirada detenida y profunda en lo segundo, es decir en nuestra filiación común y en el trasfondo de sentido que eso implica, nos ayuda a valorar las diferencias de las formas, y asumir de mejor manera los retos compartidos sobre el presente y futuro del territorio, el cuidado de la vida y la construcción de paz territorial.

Por otro lado la conexión con el sentido genuino de esta filiación común- el de habitar la tierra como un mismo hogar- y la opción de retornar a la confianza desde el sentirse amparado nuevamente por el orden sabio y benevolente con la vida de la Naturaleza, nos puede ayudar a sanar las heridas de separación que ha infringido la guerra, a encontrar un campo de confianza lo suficientemente profundo para depositar todo el dolor que ha sido vivido, y a asumir de mejor manera nuestro rol evolutivo de cuidar la vida y continuidad desde el reconocimiento de la interdependencia de nuestro bienestar.