YO SOY EL RÍO, YO SOY LA TIERRA: un encuentro inter-étnico en San Agustín


Por Helena ter Ellen
(Con contribuciones de Felipe Medina)

Hace ya tres años que estamos sembrando el Trabajo que Reconecta en Colombia, en un periodo de gran transformación. Después de seis años de negociación en Cuba, y un doloroso y sorprendente voto “No” en un referéndum, finalmente se firmó el 24 de Noviembre de 2016 un acuerdo de paz revisado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Si en los años venideros se llegara a un acuerdo con el otro grupo guerrillero, el ELN, más de 50 años de conflicto armado interno podrían llegar a su fin, a condición de que el gobierno reconozca y resuelva el problema del actual aumento de la violencia paramilitar contra los líderes de la sociedad civil y las comunidades rurales.

¿Cómo puede este umbral histórico servir como apalancamiento para el “Gran Giro” en Colombia? ¿Qué papel puede desempeñar el Trabajo que Reconecta en el fomento de la reconciliación y el empoderamiento entre colombianos? ¿Cómo podemos abrazar en nuestra visión y camino a la paz una integración de nuestro ser ecológico? Estas han sido algunas de nuestras preguntas clave en nuestro camino.

Colombia tiene la suerte todavía de albergar una gran cantidad de “Magia Salvaje”; la guerra paradójicamente ha preservado mucho de su belleza natural a pesar del incremento de megaproyectos y cultivos de coca. Ahora muchos de los inversores internacionales ven oportunidades en lo que creen será un clima más estable para explotar sus recursos. Las comunidades rurales, afrocolombianos e indígenas en particular, están en conflicto con un gobierno que ha vendido territorios ancestrales, bosques y agua a los intereses privados. Y es peligroso ser una persona que defiende la tierra, la vida y los recursos en Colombia: desde la firma del acuerdo de paz, los ataques contra los activistas de la sociedad civil han aumentado a un ritmo alarmante, con alrededor de 127 muertos en el último año y un repunte de los homicidios durante este año. Mientras el acuerdo con las FARC ha reducido significativamente la violencia general en el país, la desmovilización de estas fuerzas ha dejado espacios vacíos en todo el país, que a su vez están siendo ocupados por organizaciones sucesoras de los paramilitares que llevan a cabo asesinatos selectivos y amenazas de muerte, a menudo acompañando a industrias devastadoras de la tierra, como la minería ilegal, la tala de bosques y cultivos de coca.

¿El camino hacia la paz conducirá a una guerra intensificada contra la Madre Tierra y la gente que la protege?

Es aquí donde un liderazgo espiritual basado en la tierra (como es el caso de los indigenas y de los afros) y el Trabajo que Reconecta pueden ayudar a crear resiliencia, renovar alianzas e inspirar visiones creativas. Si la guerra realmente llega a su fin en Colombia, la reconciliación podría durar generaciones, a menos que la Gran Madre nos ayude – a ellos y a todos nosotros – a recuperar nuestros sentidos, ayudándonos así a volver a casa.

2014 – Cómo comenzó todo
En un artículo titulado “Sembrando en tierras fértiles: la ecología profunda en Colombia”, escribí sobre cómo empezó todo para nosotros en Colombia, junto con el joven activista social Felipe Medina: “Este trabajo ha servido como un vehículo y una fundación para mi vida y para la mayor parte del trabajo que hoy realizo”.

Nosotros presentamos el Trabajo que Reconecta a una amplia audiencia en El Llamado de la Montaña, un festival ecológico nacional, y trajimos la espiral del Trabajo que Reconecta para vivirla en tres talleres residenciales diferentes. La alianza entre Felipe y yo para nutrir las semillas que habían sido plantadas en el espíritu del Trabajo que Reconecta, ha venido madurando y profundizándose desde entonces. “Este trabajo ha servido como un vehículo y una fundación para mi vida y para la mayor parte del trabajo que hoy realizo” dice Felipe. “Lo llevo como un modelo para la mayoría de las intervenciones que hago con comunidades, organizaciones y con mi propia familia. Y siento que ha servido de puente para la sabiduría ancestral de nuestra tierra encarnada en sus pueblos originarios, para encontrar su camino en círculos y esferas de influencia que no había alcanzado antes, nutriendo la conciencia de nuestro Ser Ecológico.
Decisivo para el enraizamiento y el fortalecimiento de este trabajo en Colombia es el hecho de que Francisco de Roux, un viejo amigo y reconocido jesuita colombiano y gran trabajador por la paz, haya unido el suyo a nuestros esfuerzos. Participó en el primer taller en 2014 y sintió que algo crucial estaba sucediendo allí: “Durante muchos años he estado trabajando por la paz con justicia social en Colombia. Gracias a la dedicación de Helena, tuve la suerte de descubrir el Trabajo que Reconecta y me hizo comprender que nuestra búsqueda de la reconciliación entre los colombianos necesitaba ser sostenida por nuestra reconciliación con la Tierra. Colombia atraviesa una profunda crisis espiritual. No religiosa, sino espiritual, porque aquí no tenemos una guerra entre religiones, sino una crisis entre cristianos que parecen haber perdido el significado de quienes son. Si no volvemos a nuestros sentidos, esto podría llevarnos a la autodestrucción y a la destrucción de uno de los lugares con más biodiversidad de la Tierra. Este trabajo me ha dado a mi y a todos los líderes participantes, una visión más profunda de lo que significa la Vida y una renovación de nuestra energía para protegerla en todas sus formas, hasta que la paz en este hermoso país nuestro sea una realidad.

Su apoyo a nuestro proceso vino de varias maneras. Él nos ayudó a identificar e invitar a líderes comunitarios fuertes a través de los cuales el Trabajo que Reconecta pudiera tener el mayor impacto posible en términos de construcción de paz y del fomento de condiciones para el Gran Cambio. Encontró los recursos financieros necesarios para ofrecer a los líderes estos talleres sin costo, gracias a una ONG católica británica que resuena fuertemente con “Laudato Si” del Papa Francisco y que considera que nuestro enfoque es una manera hermosa de implementar esta encíclica ecológica. Además, ofreció el don de su presencia inspiradora durante los talleres. La dimensión de la construcción de la paz se hizo una parte más integral de todo el esfuerzo con Francisco a nuestro lado.

Así que en el verano de 2015, los tres llevamos a cabo un taller muy especial donde esta sinergia entre la construcción de la paz y el Trabajo que Reconecta reveló dimensiones más profundas de la gama, riqueza, oportunidades y complejidades de este trabajo.

“Gaia en el Corazón” – Un encuentro inter-étnico en San Agustín
La región del Cauca ha sido uno de los puntos centrales del conflicto en Colombia. Rica y con una inmensa diversidad ecológica y cultural, el conflicto en torno a esta tierra, su uso y sus recursos tiene profundas raíces históricas. Inmersos en este conflicto hay tres grupos muy interesantes: Indígenas (principalmente las tribus Nasa y Misak), Afrocolombianos y campesinos. Un cuarto grupo involucrado está formado por corporaciones, empresarios y otros individuos que a menudo representan la vanguardia del capitalismo y la industrialización.

Los tres primeros grupos fueron interesantes para nosotros porque aunque comparten posiciones y preocupaciones similares con respecto al uso de la tierra y la importancia de la autonomía local en la administración territorial, han experimentado sin embargo dificultades significativas en aunar fuerzas y construir una posición unificada que les ayude a resistir los intereses extranjeros y extractivos.

En estos cinco días de taller, reunimos a 15 representantes de estos tres grupos, junto con algunos participantes urbanos, con la intención de revitalizar y fortalecer el liderazgo de cada una de estas comunidades y tal vez encontrar un liderazgo común que pudiera unirlos por la causa de la Tierra.

Nosotros tuvimos el gran privilegio de trabajar en la hermosa Maloka (casa ceremonial) de la Fundación Viracocha, ubicada en San Agustín, un precioso pueblo pre-colonial en el sur de los Andes de Colombia (Huila), famoso por sus más de 500 monumentos megalíticos tallados allí hace más de cinco mil años por las culturas indígenas que vivieron en los valles fluviales adyacentes del Magdalena y el Cauca.

Yo soy el río, yo soy la tierra
Todos los líderes invitados se sienten identificados con un río o un territorio. Algunos han sido desplazados por la violencia de sus tierras ancestrales y trabajan para preservar su memoria, su cultura y su dignidad. Otros, como el pueblo Nasa, han sido lo suficientemente fuertes y unidos a través de los siglos para permanecer y defender su territorio. Las amenazas pueden provenir de la presencia de minería (ilegal) y otros megaproyectos, de la propagación de campos de coca y tráfico de drogas y de la intimidación o violencia de los actores armados legales o ilegales como el ejército colombiano, paramilitares de la derecha o guerrilleros de las FARC o ELN (con las FARC ahora en gran parte desmovilizadas). Esta presencia armada está a menudo ligada a la protección de megaproyectos. Muchos de los presentes en nuestro círculo saben que pueden perder su vida por tomar una posición en defensa del agua, de la tierra o de su dignidad.

Manantiales de sabiduría y fuerza
Simplemente reunir a estas personas de diferentes orígenes, cosmo-visiones y caminos de la vida es ya un éxito en sí en este país dividido y todavía racista. Hay una delegación afrocolombiana del río Tapaje cerca de Buenaventura, en representación de la asociación “Sé quién soy”. Una de ellas es Pachita, vestida de manera colorida como una reina de los bosques, que nos ofrece todos los días las “perlas del día” en algunos versos poéticos que ella inventa sobre el terreno y canta en voz alta, como solía hacer en su tradicional Cultura oral. Junto a ella en el círculo está el abuelo Alcibíades, líder espiritual y alcalde de Toribío (el corazón del pueblo Nasa), que habla de la resistencia emblemática no violenta de la Guardia Indígena, que están armados sólo con “sus bastones de dignidad” – con rayas verdes por el amor de la tierra y rojas por la sangre que ha sido derramada por el pueblo- y han podido salvaguardar su territorio, alejar a los grupos armados y mantener sus comunidades. Desde octubre de 2014, los NASA se han declarado en un proceso de “liberación de la Madre Tierra”, en un acto ritual de recuperación y ocupación, no violenta, de tierras ancestrales.

(Foto: La líderesa afrocolombiana Pachita, “Sé quién soy”, defendiendo los derechos de las comunidades afro en nuestro Teatro del Oprimido)

Dibujar juntos los “mapas de vida”, como Joanna Macy sugirió, fue una forma poderosa de honrar a sus antepasados, compartir la sabiduría y las fuentes profundas de la solidaridad en su cultura y abrirse al dolor causados por los tiempos actuales. “¿Cuál es tu relación con la tierra?”, le preguntamos a Alcibíades. “No podemos hablar de nuestra relación con la tierra … porque somos la tierra. Somos la tierra hecha humana. Han tratado de convertirnos en personas. Pero hemos escogido permanecer naturales como parte de la Tierra “, respondió con la sabiduría de generaciones en su voz.

Cuando Francisco habla de los sentimientos de superioridad hacia los “negros” y los “indios” que también habían estado presentes en la Iglesia Católica durante tantos siglos, Luz Eida (con orígenes afro y nasa mezclados) rompe en lágrimas… “Todos estos años de sentirse avergonzada incluso hasta por el hecho de que te miren!”, dice. Admiramos la fuerza de otras dos afrocolombianas del norte del Cauca, Clemencia y Rosana, quienes desde su territorio fueron caminando hasta Bogotá, al Ministerio de Minería, para exigir el fin de un proyecto minero ilegal en sus tierras ancestrales, declarando “Yo soy un eslabón de la cadena y acá no se rompe!”, y ocuparon el ministerio durante seis días hasta que fueron escuchadas por el ministro.

Y resultó realmente importante para todos esos guardianes de un territorio que pudieran escuchar el sufrimiento de los que viven en una gran ciudad como Bogotá, sobre el dolor de no sentirse identificada con una tierra para amarla y defenderla, sobre la separación y los sentimientos de soledad y de vacìo en lugares donde nos dicen que la única manera de ser “alguien” es consumiendo.

“¡Estoy liberado de todas las doctrinas restrictivas! ¡Elegí unir fuerzas por el bien de la Tierra!”
Después de experimentar los lazos que nos unen, maravillarnos en nuestra diversidad y compartir nuestro dolor común, tuvimos la oportunidad de ver el conflicto presente bajo una luz nueva. Las tensiones inter-étnicas entre estos tres grupos, alimentadas por las desigualdades políticas y un persistente fantasma de una figura enemiga oculta tras el “otro”, crearon un contexto social muy complicado, en el que era muy difícil pensar en una solución que pudiera abarcar todas las necesidades. Nutridos por nuestra conexión con la Tierra e inspirados por conceptos de Comunicación No Violenta, emprendimos un Juego de Teatro Foro. Pasando de la ficción a la realidad, aterrizamos después de cuatro horas en un reconocimiento colectivo de nuestra responsabilidad común hacia la Tierra y la necesidad de abrazar la diversidad y crear alianzas en aras de una auténtica ordenación territorial autónoma de la Tierra. “¡Estoy liberado de todas las doctrinas restrictivas! ¡Elijo unir fuerzas por el bien de la Tierra!”, gritó Alcibíades al final de la obra.
Y Francisco, el padre Pacho, abrió los corazones y las mentes, hablando del Misterio del Amor (su forma de hablar de “Dios”) que ha creado toda la vida, que se identifica con cada uno de nosotros, con cada ser vivo … y nos guió en un ritual llamado “Inclinarse ante nuestros enemigos”, dándoles las gracias porque nos muestran lo que es más querido para nosotros y a lo que queremos dedicar nuestras vidas. Aquí los pueblos indígenas deciden comparecer respetuosamente, pero no se inclinan.

Somos los ancestros
Pasamos la última mañana en uno de los parques arqueológicos de San Agustín de 5000 años de antigüedad, un lugar místico en un paisaje espectacular. No podríamos haber soñado con un escenario mejor para nuestra ceremonia final, “Antepasados conociendo a los Seres Futuros”. Para las personas que estaban tan orgullosas de la fuerza y la espiritualidad de sus antepasados, fue como una revelación: “Pero… ¡Nosotros somos los futuros ANCESTROS! Somos los eslabones de una cadena, los herederos de una historia que no se romperá”, todos cantando esto en sintonía con Pachita en una gran celebración mientras fuera llovía suavemente. Alcibíades, mirando hacia el cielo por encima de las exuberantes montañas verdes, exclamaba: “En nuestra cultura, cuando llueve y el sol brilla así, significa que la Tierra ha recibido y aceptado todos nuestros regalos”.